viernes, 28 de octubre de 2016

SOULMATES NEVER DIE

Ya sé que no estás y que no sabemos cuándo podremos estar juntos al fin.

Nunca una sonrisa fue tan fatídica, mortífera y, a la vez, tan liberadora y cálida como un hermoso sol de otoño que se abre camino entre un cielo encapotado y gris para mandar un rayo de esperanza en un día triste y taciturno.


Nunca una ausencia estuvo tan llena de presencia y nunca había sonreído tan de seguido a pesar de que esa sonrisa nazca de un intercambio de miradas en el silencio.


Poco a poco estoy dejando a un lado el hecho de pensar tanto, y disfrutar un poco más de esto sea como sea y dure lo que dure.


Porque como dijo Gabriel García Márquez:


"Así terminó pensando en él como nunca se hubiera imaginado que se podía pensar en alguien, presintiéndolo donde no estaba, deseándolo donde no podía estar, despertando de pronto con la sensación física de que él la contemplaba en la oscuridad mientras ella dormía, de modo que la tarde en que sintió sus pasos resueltos sobre el reguero de hojas amarillas del parquecito, le costó trabajo creer que no fuera otra burla de su fantasía"




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