Quizás ha llegado el
momento de que llege el invierno con todo lo que conlleva. Quizás esto no sea más que otra declaración de intenciones que se quedará en el olvido.
Sea como fuere...
...quiero aprender.
Aprender a ser fuerte, aprender a no confiar tan fácilmente en las personas, a no regalarme o dar de mí a los demás de manera incondicional puesto que el que se entrega por completo jamás regresa entero.
Quiero saber callarme lo que pienso, actuar entre las sombras con disimulo mientras sostengo una máscara que no me define, pero que me ayude a representar un papel, el papel de alguien que no soy, tan sólo por proteger lo poco o casi nimio que quede de mí.
Cada día me queda menos que ofrecer, menos por lo que luchar, menos por lo que vivir...pero aún así me levanto y presento batalla en una guerra incierta (la cual no sé si ganaré) contra el tiempo, un tiempo que se me resbala de entre los dedos...
Esta guerra dura tanto y sus motivos están tan desdibujados que una ya no recuerda el bosquejo, ese primer borrador de lo que quería que fuese su vida. Tal vez, en esas ocasiones, como dice Mario Benedetti (o eso creo) "el olvido está tan lleno de memoria" que casi es mejor no rememorar ni recordar aquellos sueños que ya, una vez rotos, nos recuerdan lo infructuoso de nuestro tiempo y que vagamos sin rumbo, como si la vida fuera sólo un gran simulacro lleno de fantasmas que deambulan conscientes de su incorporeidad...de su sino...
En ocasiones no sé si lo que quiero es desaparecer...o hacer que mi vida (lo que me reste de ella) tenga un significado y sea vivida como se merece, explorar eso que dicen que es la felicidad y si acaso rozarla por una vez...
Todo son piedras en el camino, intento aprovecharlas para construir un castillo con ellas, pero me siento tan cansada de esta dinámica...que más vale que todo cambie o desaparecer.

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